10 de diciembre de 2007
Madame Shostakovich
Desconozco el mundo del teatro, pero debía mover el telón cada vez que concluía un acto... Madame Shostakovich, quien se inculcó dicho nombre en honor al compositor de la Suite “The Gadfly”, el tema que la llevó a la boga, se reverenciaba una y otra vez con una magna satisfacción en los labios.
Los concurrentes lanzaban vítores encarecidamente a la pretérita obra.
–Funcionó-. Le oí decir a regañadientes, mientras su garrido cuerpo se aproximaba a recibir el bouquet de manos del representante de la Casa de la Cultura y de Amigos del Arte. Rápidamente se marchó de las tablas, y su sonrisa perpetua se esfumó, como quien se esfuma de una admonición. –Cierra el telón, torpe-. Me dijo empujándome toscamente. Cerré, y el escenario se volvió convencional.
En los diarios apareció la eterna doncella recibiendo rosas amarillas por su espléndida puesta en escena del “Ricachón de la Corte” de Molière. Al reverso estaba la trágica desaparición de dos jóvenes, con edades fluctuantes entre diecisiete y veinticinco años. Crónica cotidiana en esa época.
Madame Shostakovich me impedía salir, hablar con los estudiantes de la Academia, asegurándome que el contacto con otras personas debía estar regido bajo normas, y si sospechaba o tenía indicios extraños, me relataba la historia del movimiento luddista y la negación hacia utilizar las máquinas.
No entendía la razón de sus relatos tan quisquillosos, ni tampoco por qué estando bajo el techo de una diosa de los personajes, no me permitía protagonizar alguno. -No tienes el carácter...A ver, déjame ver algo-. Me tomaba la cabeza y me observaba las facciones, las cuales nunca fueron atractivas. –No Aída, no naciste para ser admirada-. Me decía soltándome con dulzura para dar media vuelta y ver su sotana guinda seca mecerse con paciencia entre sus piernas.
Al día siguiente, Madame debía salir, tenía una obra con máscaras en el teatro poniente, y llevaría a sus aprendices con ella. Me ordenó preparar todo para la noche; Habría una cena de bienvenida al Intendente, junto con el Ministro de Cultura.
Inesperadamente sonó el timbre más temprano de lo esperado. Era una muchacha de unos veintidós años. –Vengo por el aviso-. Dijo mostrándome un papel que jaló de algún lugar. “SE BUSCA ACTRIZ PARA JULIETA”. –Creí que no le era de menester más alumnos-. La hice pasar y le comenté que Madame no se encontraba por el momento. Noté que no había nada peligroso en platicar con las personas, y comencé levemente a extrañarme.
-¿Ocurre algo?-. Me dijo Adela, que era su nombre.
- No, en lo absoluto.
-Estoy bien-.
Madame Shostakovich volvió, y al ver a la niña no se inmutó. La saludó cortésmente y notó que llevaba su anuncio en la mano. La miró fijamente diciendo, perfecta!, perfecta!.
-¿Necesita que le demuestre mis aptitudes?-.
-A ver, sonríe coquetamente...ahora quiero verte seria...muy bien, excelente, con eso terminamos. Las clases comienzan mañana, no necesitas pagar nada-.
La muchacha sonrió y se marchó. Fue la única vez que la vi realmente. En los diarios del domingo aparecía como desaparecida cerca del desnivel, que era donde vivíamos.
Madame no dijo nada, ni siquiera se entristeció por perder a su Julieta, pero la obra fue estrenada un mes después, prohibiéndome estar cerca de los actores. Supe por los medios de comunicación de masas que Adela había aparecido, y que había protagonizado una obra célebre de Shakespeare, pero Madame no me dijo mas de lo que ya me había enterado.
El otoño pasó tardío, las hojas se acurrucaban en las esquinas de las callejuelas, y la gente se paseaba con sus abrigos largos y pesados. La gente olvidó a Adela, y nunca más se supo de ella. Caso similar ocurrió con el resto de los jóvenes evaporados de las memorias colectivas.
Las calles heladas comenzaron a desviar mi atención hacia el interior del recinto. Se sentía un gato maullar en el fondo del pasillo, y fui lentamente en búsqueda de ese pérfido sonido. Un gato gris estaba mirándome, pero no se movía. Lo recogí, y noté que una de las entradas a las salas estaba entreabierta. Era un lugar nunca antes visto para mí. Miré abriendo suavemente la puerta un poco más. Había una mesa largísima de la que se desplomaba un hermoso mantel blanco. En ella comían una gran cantidad de personas, de las cuales todas aparentemente eran jóvenes. No les pude ver las caras. Permanecían con máscaras y antifaces de diversos tonos, mientras que en sus bocas no tenían más que un mísero orificio.
En el fondo estaba Madame engalanada de turquesa, siendo la única que no cubría su rostro... Los escalofríos me invadieron fortuitamente por todo el cuerpo. Decidí huir de ese lugar, me incliné lánguidamente, pero el gato se me escabulló de las manos, y entró por la puerta entreabierta. Me vi ofuscada por el miedo, flaqueando y desplomándome. No recordé nada después. Había tenido un sueño de ultratumba.
En una fiesta de disfraces, la gente se quitaba el antifaz y no tenían rostros, no hablaban, y por los ojos te gritaban auxilio. Al despertar toné que estaba en un cuarto color rosa, lleno de trajes y pieles sintéticas. A la derecha había maniquíes de los hombros hacia arriba, y en cada uno un rostro joven descansaba. Por debajo encontré un baúl de gamuza azul marino. Lo abrí con dificultad, y dentro, el rostro más horrible de todos...una mujer de más de cien años estaba retratada en ese maniquís. Lo cerré pavorosa. Quise escapar pero me pareció ver a mi pesadilla a un costado. Retrocedí, y aterrada noté que me faltaba el rostro.
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)
2 ¿Qué opinas?:
Valla
Lindos textos
intensos y sinceros
Que es lo que pasa???
algo te aqueja
o me equivoco??
Continúa publicando
No es una mala idea participar en el concurso
beso
Valeria, eso fue realmente impresionante, lo narras de una manera muy natural, muy hermosa, esto es de hace varios meses, me gustaria ver que puedes escribir ahora, aunque no se porque creo, que contendrá un matiz diferente.
Publicar un comentario