Mira ese rostro adormecido
Cirios rojos gritan por no despertar...
Han visto esa orgía tenue mientras lloraban en vigilia,
Se cegaron y ataron sus vestiduras con cadenas...
¡Esos ojos, esos ojos de esa alma dichosa!
Anhelan seguir en la noche,
Anhelan no ver que en la etérea luz duerme la negrura...
Quien opaca la tristeza un ruiseñor colorado,
Arraigado y sumido en las circunstancias del medio día de su vida.
Se dejó caer el céfiro de la tarde...
Las llamaradas quejaban en rito a la damisela soledad
Las aspas y los aledaños alzaban los sones a la marquesina...
Se acalló el castaño, y en un silencio dormido la tierra se inquietó
hasta la ciénaga perpetuidad de los sentidos.
Y estos gritos sean peores que la plenitud
Y en garrote quedará la silueta de esa encarcelada.
En plena luz sea todo un candor,
Un óleo perpetuo, una sonrisa distanciada.
La proeza de quien enterró el agua
O la claridad de una cuerda frotada.
Quien trajo de la inmediatez el fuego,
el elegido entre la multitud que enterrará en un disparo al sol
y el soldado en cruentos desalojos separará la ventisca del mar..
La serpiente se partirá en dos,
la tierra será quien la trague...
Ahogando la conciencia del que caiga con zozobra
por donde se le vio suplicar.
Ditd
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