La gélida ternura de sus manos
apagada sepultura de la noche,
ritos desolados en tierras de nadie...
El ábrego de la costa sur,
Su rostro desencantado en la efímera tonada
de la lanza y flechas encubiertas...
Jaspes en el yedro mirador,
Los atabales veneran el céfiro del cierzo
Y las siluetas se entorpecen entre el amargo licor
de sus labios enardecidos...
Nativo osario de sangre
Agua inalcanzable carcomida congelada,
corre el candor del ciervo sobre los prados
El sol ancla sus brazos enternecidos,
Dulce ilusa fontana...
Acaece la negrura sobre la tierra
Los alaridos querubines de la dulce pregonera
La habana se estremece
Y el halcón se alza aqueste a los mandatos
Pardo canícula y gris inclemente
Se esfuma la luz de sus ojos
Cual serafín corredor vulnera...
Y la negrura acalla su hálito ventura
Donde el sol no puede volver a iluminar..
Cérvido con andar paralizado
del despojo de sus inocente viveza...
Cervatillo de alma fugaz,
Oriunda saeta en la cerviz culpable
que dejó caer su savia,
en la premura de la sabana...
Aída Marcial
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