27 de febrero de 2006

El canto del cuervo

Un clamor de la aletanía sollozaba su llegada
ese canto ligero estremecía la llamarada blanca.
Su fortuita apariencia en la penumbra,
con una soga marcaba la sangre de mi sangre
Y de ella crugía la sequedad de sus palabras.
Han muerto los cirios
y en fallecimiento mi delirio a dormido.
Veo la luz ser destruida en el precipicio,
y su escultura apaciguada
no revela su dulce religión.
El espeso fulgor de encontrar
a logrado hallar la llave,
y con ella la destrucción
agonizante de mis plegarias.
El fin del respiro estaba a mi lado,
y debí complacerla.

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